Historia del RDLPD

Dedicada a los integrantes del RDLPD para que sepan reconocer quién es quién en esta historia.

Ricardo Torres Medrano

Quizás esta historia no tenga nada de original con respecto a otras que ya sucedieron previamente, pero tiene el sabor particular de haber sido vivida entre varios amigos, y gracias a Dios, aun no concluida.

La historia formal del RDLPD empieza el 1º de Abril de 1998, pero quizás haya comenzado mucho antes, algunos años atrás.

En 1990 tuve el honor de ser aceptado por el célebre Prof. Dr. Narciso Pousa para dirigirme en una Licenciatura en Filosofía. Una tarde, en aquellos días recuerdo, me presentó a un íntimo amigo. Era el Prof. de Judo Carlos Manuel Argañaraz, quien con un gesto amable y una sonrisa me saludó deferentemente.

Al poco tiempo, comencé la práctica de Aikido el 14 de Septiembre de 1991, en un Dojo de la Asociación Argentina de Aikido, en La Plata. En aquellos años conocí a unos estudiantes de Derecho: Adrián Carlos Vidal y Marcelo Pablo Rimaro, con quienes luego cultivaría no sólo el compañerismo, sino también la amistad.

Casi simultáneamente, continué mi aprendizaje en Aikido bajo la dirección de Sensei Edgardo A. Novelino, quien por aquel entonces tenía a su cargo dos Dojos de Aikido en la Ciudad de Mar del Plata.

Durante 1997 practiqué también en un Dojo del Centro de Difusión del Aikido, en Buenos Aires. Y después de permanecer allí durante un año, el director de aquel Dojo me sugirió que pensara en tomar una decisión acerca de cuál Escuela elegiría para seguir aprendiendo, ya que después de algunos años de práctica es conveniente estar situado en un lugar definido para aprender correctamente una manera de practicar Aikido, y no en cambio, como estaba haciendo en aquel entonces, por motivos de estudio, viajar de Dojo en Dojo.

Un día me encontré "casualmente" en La Plata con Pablo Veneciano, 4º Kyu, quien estaba estudiando Medicina en esa ciudad; entonces le manifesté la importancia de abrir un Dojo de Aikido. A partir de ese comentario, surgieron esperanzas y proyectos, que más tarde veríamos la manera para concretarlos.

Posteriormente, viejos amigos de práctica como son José Luis Angelletta, 3º Dan, Silvia Collucci, 3º Dan, Luis Gentile, 2º Dan, Alejandro Gregorio, 2º Dan, y Julio Rabanillo, 1º Dan, de la Unión Argentina de Artes de Aikido, me hicieron saber en Mar del Plata que si tomaba la decisión de abrir un Dojo me ayudarían en todo lo que fuese necesario.

También sucedió algo en la esquina de calle 12 y 44, aproximadamente a las 21:00 hs. de un Sábado de 1997, cuando Adrián C. Vidal, ya por aquel entonces abogado, me sugirió la idea de abrir una sede para continuar la línea de enseñanza de una de las Escuelas, esto es, de la U.A.A.A. de Mar del Plata, con la cual tenía muchas afinidades y a cuyos integrantes conocía también desde el inicio de la práctica del Aikido. Luego seguimos hablando unos minutos más, hasta que nos despedimos. Luego de aquella noche, seguiría pensando en aquella vaga ilusión.

Hacia fines de Diciembre, viajé a Mar del Plata para pasar el verano y continuar mis clases en la "Unión". Practicaba todos los días, todos los turnos (Tres clase diarias durante los días Lunes Miércoles y Viernes, una clase los Martes y Jueves y una clase de armas los Sábados, y a su vez, complementaba mi entrenamiento corriendo 8 Km. cuatro veces por semana. Quizás no más de lo que hace cualquier practicante fascinado.

En Enero de 1998, recibí un ofrecimiento laboral: debía hacerme cargo de dos comisiones de alumnos ingresantes a la Carrera de Educación Física de la Universidad Nacional de La Plata. Me despedí de Sensei Novelino, quien finalmente también me sugirió tomar una decisión acerca de cuál Escuela elegiría para seguir aprendiendo. Viajé a esa Ciudad y luego hablé con quién había sido mi Sensei durante siete años. Le expuse mi necesidad de seguir buscando otras orientaciones de Aikido, pues veía muchas dificultades en mi práctica y a su vez diferencias entre las distintas Escuelas, a pesar de que el Aikido en definitiva seguía siendo el mismo, por lo menos en principio. En aquella ocasión, él igualmente me sugirió tomar una decisión. Luego, nos despedimos, hasta tanto encontrara "mi" camino. En definitiva, no me parecía honesto seguir practicando en un lugar donde albergaba dudas o la idea de irme en cualquier momento, teniendo en cuenta que había iniciado la práctica del Arte con aquellos compañeros.

En esos días decidí conocer el estilo de enseñanza de la Asociación Ki; me dirigí a un Dojo de esta Escuela, un poco por curiosidad, y otro tanto para tener más tiempo para elegir. Al final, también sume experiencias al respecto.

En Marzo de 1998 viajé a Mar del Plata pues había una celebración en la U.A.A.A. Hablé con Sensei Novelino y le dije que había tomado una decisión. -¿Qué va a hacer? ¿Tomó ya una decisión? ¿Se queda o se va? Me preguntó. A lo cual respondí: -Me quedo.

Posteriormente, mis compañeros me hicieron llegar otra vez el apoyo para emprender la apertura de un nuevo Dojo, pero para lo cual, esta vez, ya estaba plenamente decidido.

Por aquel entonces era 2º Kyu. A los pocos días, viajé otra vez a La Plata y comencé a difundir la idea de abrir una sede de la U.A.A.A..

A la semana recibí un ofrecimiento, nada menos, que de aquel Profesor de Judo que una vez conociera en la casa de mi Director de Tesis, y que otra vez aparecía en escena, y para brindarme la posibilidad de enseñar Aikido en la más que centenaria Sociedad de Socorros Mutuos y Actividades Sociales y Culturales, "La Protectora".

Hice las presentaciones formales, y luego de deliberar unos pocos días, el Consejo Directivo de esa Institución decidió darme una oportunidad. Entonces, elegí unos horarios en los que no había actividad sobre el Tatami y comencé a hacer afiches publicitarios.

Como era de esperar, el primer día de clases no hubo ningún alumno.

Al poco tiempo, comenzaron a acercarse algunos interesados, y entre los cuales vino a visitarme Adrián Vidal, por aquel entonces, 3º Kyu. Llegó hacia el final de la clase para hablar luego de la finalización de la misma. Después de unos minutos lo invité a entrar al Tatami, pues veía que estaba ansioso por pisarlo. De inmediato, le pedí que "viniera a tomarme". Hay que aclarar que él estaba vestido con saco y corbata. Se quitó el saco, se arremangó y comenzó a volar a lo largo del Tatami. Se veía feliz, quizás a causa de reencontrarse consigo mismo. Al final, se despidió con la firme promesa de volver para quedarse en este Dojo, y sin preocuparse por cuán descosida había quedado su camisa.

Marcelo Rimaro, 5º Kyu en esos días, en cambio, vino a la Institución a practicar otro Arte Marcial. Cuando nos encontramos, le hice la invitación correspondiente para practicar Aikido. Me prometió volver cuando sus horarios le permitieran. Siguió un tiempo más haciendo otras actividades hasta que al final también regresó.

Luego, hacia Diciembre de 1998, practicando de Lunes a Lunes, bajo la dirección de Sensei Novelino, con el padrinazgo espiritual de Sensei Norberto Carnaghi y la inestimable tutoría técnica de Alejandro Gregorio, rendí para 1º Dan. Es por ello, fundamentalmente que estas personas tienen una significación especial para mí y nuestro Dojo.

El resto de la historia, consistió en trabajo, dedicación y continuidad. Y si Dios quiere seguiremos escribiéndola a partir de la próxima clase de esta noche.

Pero en definitiva, lo único importante en este asunto, más allá de las buenas intenciones que podamos haber tenido, son los hechos, y a ellos quisiera remitirme porque en definitiva son elocuentes por sí mismos, pues muestran de manera clara y distinta que el RÍO DE LA PLATA DOJO es el resultado del esfuerzo de muchas personas, y en el cual convergen diferentes voluntades, intenciones y esperanzas para contribuir a la construcción de un mundo aun mejor, por medio del Aikido: un maravilloso Arte Marcial...




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