Conferencias: "El acto espiritual"
Dr. Narciso Pousa

"El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas"

Baruch de Spinoza. "Ética demostrada según el orden geométrico. Parte Segunda. Proposición VII"

Presentación de Ricardo Torres Medrano

El tema de la conferencia es el Acto Espiritual. Referirse al Acto Espiritual, en principio, parece llevarnos a una contradicción: pues la dimensión del espíritu nos remite a algo intangible, es decir, a algo que no podemos tocar; mientras que la acción nos remite a algo material, por lo tanto, a través de ella podemos obtener resultados y respuestas mensurables. Por ejemplo, la causa que convoca a los estudiantes de Aikido -organizada por los expositores de esta conferencia- es el Arte de la Guerra, cuya acción supone algo concreto, si bien cuenta además con un trasfondo de carácter espiritual. Entonces, la pregunta es ¿Cómo se pueden conciliar ambas esferas, la de la acción y la del espíritu?

En la historia del Japón, durante el siglo XVII los guerreros Samurais desarrollaron técnicas letales de combate cuerpos a cuerpo, muy efectivos, capaces de provocar graves lesiones en un breve lapso y con pocos movimientos. No obstante, la Humanidad prosiguió su curso y las Artes Marciales sufrieron una profunda crisis, que tuvo lugar una vez terminadas las guerras intestinas que azotaron a este país feudal. Asimismo, había un conjunto extremadamente rico de conocimientos celosamente guardado por ciertas familias de origen Samurai. El interrogante que surgió entonces fue el siguiente: ¿qué sucedería con ese saber si las guerras ya no tuviesen sentido?

Algunos pensadores del Japón concibieron al Hombre capaz de orientarse hacia la maestría, y que, proyectado hacia la excelencia, puede tener tres dimensiones: la dimensión física, que consiste en la gimnasia que hacemos por medio de las técnicas marciales; la dimensión mental, que es esa esfera tan sutil en la que han ahondado los psicólogos, aunque con ciertas dificultades, y la dimensión espiritual, de la que precisamente hablaremos ahora.

Los practicantes de Aikido encuentran la dimensión mental a través de la práctica rutinaria: uno, diez, veinte años practicando la misma técnica, que pone a prueba la voluntad del estudiante y ayuda a eliminar los malos hábitos. Por ejemplo, desde el punto de vista físico, buscamos una columna vertical recta, en la que el peso esté repartido hacia ambos lados; una forma de caminar armónica, sin chocar con otros transeúntes; etc. Desde el punto de vista de la actitud, en cambio, cultivamos la sinceridad y el honor. Sin embargo, en una instancia superior y todavía mucho más compleja, es necesario dar cuenta de la dimensión espiritual. Por un lado, está el acto de la guerra y, por otro, la dimensión espiritual que, al ser difícilmente definible, se diluye, cual hielo en nuestras manos. Empezamos a hablar y el hielo comienza a hacerse agua. Corremos el riesgo de que a medida que el tiempo transcurra, el piso se moje y nuestras manos queden vacías.

Esta dimensión ha sido estudiada por muchos investigadores del Japón tradicional, como por ejemplo, por Yagyu Numenori (1571-1646). Este hombre de armas escribió La Transmisión Familiar en el Arte de Luchar, en el que decía que la dimensión espiritual nos remite al mundo del ego. Hay dos grandes vertientes dentro del mundo humano: el mundo de la conciencia y el mundo del ego, que está relacionado con las formas variadas de egoísmo conocidas. En la medida en que nosotros somos débiles nos identificamos, a través de nuestros egos, con algunas acciones de los individuos. De ahí que la meta del mundo marcial consista en la disolución del ego, a fin de que no haya identificación con cual persona o tal hecho.

Entonces, en la medida en que disolvamos nuestros egos y alcancemos una conciencia liberada y plena, no habrá identificación con algo en particular, sino con el Todo en general. Es decir, la identificación se dará con la Naturaleza, con el Cosmos, con el Logos de Heráclito, o sencillamente, con Dios. Esta es la referencia al mundo espiritual tan difícil de captar. Yagyu Numenori aconsejó, como modo de acercarnos a esa dimensión, la necesidad de despojarnos de ciertos temores, a saber:

  1. El deseo de vencer al adversario;
  2. El deseo de afianzar la técnica;
  3. El deseo de alardear;
  4. El deseo de tratar de anular psicológicamente al adversario;
  5. El deseo de esperar un ataque;
  6. El deseo de evitar estos temores;

Quizás esto parezca un juego de palabras, pero pretende dar cuenta de todos los temores, y los temores a los temores que nos aquejan.

El acto espiritual no deja de ser una incertidumbre. Hoy, contamos con la presencia del eminente Prof. Dr. Narciso Pousa. Tiene alrededor de cincuenta y cinco años de docencia e investigación, y ha dictado todas las materias que pueden ofrecerse en una Facultad de Filosofía. Ha sido profesor titular en la UNLP, en la UBA., en la Universidad de Rosario, en la de Bahía Blanca, etc.

En la década del cuarenta asistió a los cursos de Jean Wahl en la Sorbona, tras haber obtenido una beca de patrocinio de la República de Francia. Además participó del cuerpo diplomático de la República Argentina.

En mi caso, tuve la fortuna de conocerlo hace varios años, en ocasión de cursar Introducción a la Filosofía. Recuerdo el aula magna atiborrada de estudiantes. En aquella ocasión, pude llegar hasta los primeros asientos porque un compañero me reservó el lugar. Mi desconocimiento era grande, al punto de no saber en ese momento el nombre del profesor. Ante la duda, un alumno ya experto en la materia me informó: "Ahora tenemos al Profesor Pousa". Mientras que en ese preciso instante, con andar elegante, entraba al aula seguido de varios ayudantes-alumnos, el mismísimo Profesor de Profesores.

Inmediatamente comenzó a hablar y lo hizo durante dos horas sin descanso, de pie exactamente en el mismo lugar. Fue algo increíble, pues no sólo hizo referencias a cada uno de los puntos del programa, sino también a la Enciclopedia. Escuchar al Profesor Narciso Pousa, era una cita ineludible con la Ciencia, el Arte, la Religión, y un encuentro programático con la Espasa-Calpe. Ese día entonces, conocí a un verdadero Maestro en Filosofía.

Pasó el tiempo y tuve la suerte de cursar los seminarios de especialización. Asimismo, volví a encontrarme con el Profesor, quien en aquel entonces dictaba un seminario sobre la filosofía de Friedrich W. Nietzsche. En cierta oportunidad, le presenté una monografía, esperando que hiciera las correcciones pertinentes. Su respuesta fue que la monografía estaba aprobada, que la misma daba cuenta ciertamente de una visión panorámica acerca del asunto, pero me aclaró que no haría ninguna corrección al respecto. La primera impresión fue sin duda de frustración. Sin embargo, el Profesor luego me explicó con su característica elocuencia que no había hecho nada de eso porque mi responsabilidad consistía en seguir creciendo, y además, si él hacía correcciones, existía la posibilidad de interrumpir un proceso de creación y desarrollo original.

Posteriormente, cuando me encontraba hacia el final de mi graduación, El Profesor hizo referencias acerca de la literatura de Nietzsche y citó la siguiente frase: "Tus educadores no son otra cosa para ti que tus liberadores...". Creo que esa frase fue la síntesis de todos los años que estuve en la Facultad. A través del estudio y el aprendizaje, comencé un largo y profundo proceso de liberación, y el director de esa liberación fue indiscutiblemente el Profesor Narciso Pousa.

Aplausos.




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